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La otra vida de Ned Blackbird; Alexis Ravelo


Esta reseña es especial. Debo reconocer que nunca me había asomado a las novelas negras del ya fallecido Alexis Ravelo (el cual nos abandonó demasiado pronto, a los 51 años, aunque, quizás, siempre es demasiado pronto). Fallo mío. Lo reconozco. Ahora, sigo con esa promesa pendiente, porque cae en mis manos esta novela, La otra vida de Ned Blackbird, una de sus pocas incursiones fuera del género noir.

            El protagonista se obsesiona con la vida de la anterior inquilina del piso que ocupa. Igual le sucede lo mismo que a mí. ¿Quién fue Alexis Ravelo? Coincidí con él en algunas ediciones de Cartagena Negra. Quizás intercambiara algunas palabras. Pero, ahora, degustando su prosa ágil, quiero saber más de él, mucho más. Lo siento, compañero.

            En La otra vida de Ned Blackbird, el autor nos engancha con varias tramas a priori independientes. Nada más lejos de la realidad, conforme nos adentramos en los breves capítulos de esta obra vamos queriendo deshacer la madeja narrativa propuesta con gran brillantez. Todos nos hemos sentido como el Jeff de mi amada La ventana Indiscreta. ¿Quién no se ha asomado alguna vez dónde no debía o ha espiado a su vecino a través de la mirilla?

            En esta obra Carlos Ascanio se va sumergiendo en la vida de Celia Andrade, la que parece ser una anodina profesora de universidad. Se diría que se precipita por una especie de madriguera de Alicia, llegando a desatender sus obligaciones laborales y sentimentales en la vida real. Esta madriguera no estará poblada por seres fantásticos, sino por una apasionante vida literaria firmada a través de pseudónimos.

            Ravelo plantea, pues, un emocionante viaje metaliterario. Apasionado, como solo un buen escritor puede hacer al hablar de aquello que ama. Un juego en el que descubrimos las profundidades —siempre misteriosas— del proceso creativo y de la soledad del escritor, esa agotadora y solitaria carrera a la cual se debe enfrentar el corredor de fondo.

            El protagonista va descubriendo junto con el lector los matices del personaje de Celia Andrade a través del género epistolar, así pues, surgen varios lectores dentro del proceso, incluso varios escritores. Una audaz muñeca rusa que saltará por los aires en el tercer acto, surgiendo elementos sobrenaturales y fantásticos, que confirman las dudas razonables del que lee —las novelas y las cartas—.

            Además, descubrimos una bella historia de amor a lo largo de varios años, un amor trascendental, casi místico, que exhala un último hálito de romanticismo trágico, como sucede siempre, por otro lado.

           


La novela ofrece varias lecturas, como decía, destacando ese homenaje a las escritoras que tuvieron que trabajar bajo pseudónimos para ser tenidas en cuenta, en un negocio —ahora no hay lugar para romanticismo literario— dominado por hombres. En La otra vida de Ned Blackbird se verbalizan muchos (B. Traven, Silver Kane, M. L. Estefanía), incluso el de M. A. West, adoptado por el propio Alexis Ravelo, pues también tuvo que firmar algunas de sus obras con sobrenombre (otro juego metaliterario del bueno de Alexis).

            ¿Qué sería del género negro si Alexis toda estuviera escribiendo novelas? Seguiré indagando a través de la lectura de otras obras suyas, pero, sinceramente, creo que sería un lugar mejor.

 

La otra vida de Ned Blackbird.

Alexis Ravelo.

Editorial Siruela.

Madrid, 2022. 184 págs.

 

Cristóbal Terrer

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