A balazo limpio: Víctor Mirete responde a nuestro cuestionario.

- ¿Qué tiene la novela negra para haber llegado hasta el favoritismo de los lectores?

Creo que el mundo se está coloreando de negro de forma bastante impetuosa. Cuando rascas en las profundidades de la condición humana encuentras cosas que interesan mucho más de lo que nos ofrece la superficie. Es ahí donde está la explicación a lo que somos y lo que seremos. Hoy día el género negro es una forma más de crítica social y de crítica personal que sirve para cuestionar o escarbar en la psique humana. Además, no deja de ser un género que juega con la intriga, con el suspense y el misterio, y todo ello despierta la adrenalina y la curiosidad.


- ¿No correremos el riesgo de saturarnos todos y agotar el género?

Puede ser. Pocas cosas hay que no atiendan a tendencias o modismos. Casi todo en la vida y en la cultura es cíclico. No obstante, el negro es un género imprescindible para los amantes de ese tipo de literatura, y raro es el que deja de leerlo durante toda su vida como lector.


- Elija a un personaje y a un autor del género a quienes les hubiese gustado conocer.

Puede parecer egocéntrico, pero me encantaría tener delante a alguno de mis personajes. No sé, sería impactante e incluso aterrador. No obstante, Sherlock Holmes también sería firme candidato para tomarme unas cañas negras con él en Míster Witt, por ejemplo. En cuanto al autor, sin lugar a dudas Edgar Allan Poe. Me hubiese gustado observarle un día entero sin que él lo supiese.


- ¿Cuáles son sus armas y métodos preferidos a la hora de matar?

Creo que en el conjunto de mi obra la gente ha muerto de todas las formas posibles, no podría decir un método para matar predilecto. Creo que la muerte más dura y atroz que he infligido fue en un relato que casualmente se publicó en la antología de relatos de la CTN en 2017. Creo que se me fue la mano un poco.


- Ahora una complicada: elija algún personaje real para quitar de en medio y justifique el crimen, claro.

Esta pregunta puede llevarnos a más de uno a la cárcel o al psicólogo, pero como hay que mojarse, diré que ese personaje real que no me importaría liquidar por la vía rápida podrían ser a mis futuros yernos. Siempre desde el cariño.


- ¿Cómo podemos valorar el papel de la mujer en la novela negra actual?

Creo que no tienen toda la repercusión o relevancia que se merecen. Por suerte, en los últimos años en España estamos viendo una gran cantidad de autoras que se están situando en primera línea como pueden ser Dolores Redondo, Nieves Abarca, Grazziella Moreno, Paz Castelló, María Oruña, Eva García Sáenz, Ana Ballabriga, etc… Las mujeres tienen una mente privilegiada para la novela negra y son capaces de enfatizar en situaciones y detalles más inquietantes y escabrosos que el hombre. Por lo que sea, el género negro ha estado asociado tradicionalmente al autor masculino, cuando las estadísticas dicen claramente que las mujeres son tan consumidoras o más de ese tipo de literatura que el hombre.


- Va usted a realizar un monólogo negro, ¿en qué consistirá y qué tendrá de literario?

Eso me temo. Sin ir más lejos, de literario tendrá evidentemente que lo he tenido que crear y escribir yo solito. No me los regalan en el supermercado por la compra del saco de 5 kilos de Colacao. A partir de ahí, el monólogo que realizaré en la CTN girará en torno a los tópicos de la literatura y del cine, así como otros aspectos cotidianos pero teniendo como telón de fondo siempre esa clave negra.


- ¿Qué le resulta más complejo, escribir una novela o preparar un monólogo?

Son trabajos antagónicos. No sabría decir cuál resulta más complicado. No es habitual que el escritor de novela negra o histórica, como es mi caso, tenga que escribir también monólogos y encima interpretarlos en público. La mecánica es totalmente opuesta a la hora de crear y desarrollar cada uno de esos textos. Hacer reír es difícil, hacer reír durante veinte minutos, media hora o una hora es muy, pero que muy complicado; pero también lo es construir una trama de intriga que tenga coherencia e intensidad durante trescientas, cuatrocientas o quinientas páginas. El secreto está en buscar una identidad propia en cada una de esas facetas.


- ¿Quién cree que ha aportado más al otro, el cine a la novela negra o viceversa?

Aquí no tengo dudas. La novela negra al cine. Estaba antes, y el cine continuamente se ve nutrido por la literatura. Si bien es cierto, las nuevas generaciones están tan ‘contaminadas’ de cine y series, que resulta imposible el que esos autores no trasladen de laguna u otra manera esa forma de expresión a sus textos.


- ¿Qué fue de su personaje Frederic Poison, volveremos a verle?

¿Qué fue de él? Supongo que se tomó unas vacaciones muy largas. No, ya en serio, hoy puedo dar aquí y ahora la exclusiva que medio mundo espera. Bueno, a lo mejor medio mundo no, pero algún que otro lector sí. Frédéric está muerto. Murió al volver de Praga. Fue una decisión muy difícil y la cual me llevó mucho tiempo el poder convencerme. Esto es un spoiler tamaño crucero MSC, pero la trilogía se quedó abierta para que el lector eligiese si el personaje vivía o fallecía. Ahora bien, el autor ya ha elegido. Muere. Eso sí, Frédéric volverá, en forma de precuela. Le he devuelto a los dieciocho años en una novela negra de corte casi juvenil que se publicará a final de año y que escribí hace cuatro años. Estaba en el baúl de los recuerdos esperando su momento. Más confidencias ya no puedo hacer.

- Es usted conocido en el mundillo también por cierta faceta cercana al humorismo, ¿existe el humor en el género negro, se llevan bien ambos?

Se llevan tan bien como Antonio Parra y Francisco Marín. Ha existido desde siempre. Recordemos a los Hermanos Marx, a Chaplin o exponentes literarios tan relevantes como Samuel Beckett o Pedro Muñoz Seca con su famosa frase ante el pelotón de fusilamiento durante la Guerra Civil: ‘Podéis quitarme la hacienda, mis tierras, mi riqueza, incluso podéis quitarme a mi mujer, como vais a hacer, la vida, pero hay una cosa que no me podéis quitar… y es el miedo que tengo’.

Soy de la firme convicción de que se puede hacer humor con cualquier tema, siempre que no se atente contra la integridad de nada ni nadie. El humor negro es ese humor ácido, irónico, satírico, que toca temas escabrosos como la muerte, que juega con temas sociales y con la moral de las personas (terrorismo, locura, sexualidad, racismo, drogas, religión, política, etc…). Hecho con inteligencia es seguramente el mejor tipo de humor posible.



- Ofrézcale algún consejo al lector de novela negra, o al espectador de un monólogo negro.

Al lector de novela negra le diría que si no quiere saturarse, lo mejor que puede hacer es cambiar habitualmente de autor. Hay centenares de grandes autores de novela negra hoy día que ofrecen perspectivas muy diferentes dentro del género. Al que venga a ver mi monólogo lo mejor que puedo recomendarle es que no se quede sin cerveza durante los tres cuartos de hora más o menos que durará el show. A la larga acabará riéndose.

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